yo la recibía de mal grado, la odiaba con mis vísceras
no había protocolo que me importase para odiarla
luego, padres, felipe, a todos ellos le resultaba buena
me convencieron. Me incomprendieron.
finalmente accedí, ¿estratégicamente? le sonreía a lo insonreible
los acompañé en el ascensor pequeño de Güemes
yo era la más pequeña allí, entre los hombros de los gigantes
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